sábado, junio 07, 2008

Les dejo un video tomado de senderdelpeje(Con todo y comentario del mismo)

Pues bien, a continuación el video, que nos envía un lector, en el que la Doctra María Fernanda Campa balconea durísimo a Barnes y a Lajous. Reenvíen este video a TODO el mundo porque esto es precisamente lo que los panistas no quieren que se sepa: que están mandando a defender a la privatización a emisarios de las trasnacionales a las que ya se les queman las habas por que Pemex se privatice.


www.Tu.tv

viernes, junio 06, 2008

Ansia de sangre presidencial

Articulo original: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=68462

El mundo imaginario de la guerra de George W. Bush

Tom Dispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Os brindo un recuerdo: Yo tenía unos cinco o seis años y estaba sentado con mi padre en un cine cerca de Times Square en Nueva York – uno de esos teatros ligeramente desaseados de esos días del alba de los años cincuenta, que proyectaban tandas de dos o tres películas B de vaqueros o de guerra. Nos tocó un viejo western que, si bien recuerdo, comenzó con una diligencia que viajaba alocadamente por la calle principal de un pueblo ganadero. Un hombre herido estaba desplomado en el asiento del conductor, y los caballos corrían desbocados. Repentinamente sale corriendo, tal vez de la oficina del periódico local, un vaquero vestido todo de blanco, con un sombrero blanco, salta sobre el tiro de caballos, detiene la diligencia, y dice al conductor: “"Sam, Sam, ¿quién te hizo esto? (o algo así). Precisamente en ese momento, la cámara capta la imagen de otro hombre, vestido todo de negro, con un sombrero negro – y sin duda alguna, bigotudo – que se esconde en la cantina.

Mi padre se volvió rápidamente hacia mí y murmuró: “Es él. Él lo hizo.”

Creédmelo, me conmovió. Todo lo que pude decir, maravillado y protestando fue: “Papá, ¿cómo lo puedes saber? ¿Cómo lo sabes?”

Pero, por cierto, lo sabía y, dentro de un año o dos, yo ciertamente llegué a poseer el mismo código simple del bien y el mal, del héroe y el malvado. No era probable que fuese a cometer el mismo error dos veces.

Sobre todo, desde luego, era imposible confundir a los malos en esas películas viejas. Se veían malos. Si eran “nativos,” tampoco trataban de ocultar lo que estaban a punto de hacer a los sombreros blancos, o, en el caso de Gunga Din (1939), a los cascos de médula o de corcho. “Levantaos, nuestros nuevos hermanos,” dice el malvado “gurú” de esa película a sus seguidores. “Levantaos y matad. Matad, para que no os maten. Matad por gusto de matar. Matad por el amor de Kali. ¡Matad! ¡Matad! ¡Matad!”

“¡Eliminadlos!”

¡Matad! ¡Matad! ¡Matad! Justo lo que probablemente diría el equivalente nativo del sombrero negro. ¡Qué malvados! – para una reedición moderna, ved el último exitazo de las tiras cómicas, Iron Man – no sólo eran fanáticos, sino usualmente estaban también al borde mismo de la locura. Y su lenguaje lo reflejaba.

Con susto volví a recordar la semana pasada a esos seres perversos de mi infancia ante la pantalla estadounidense, al leer una memoria del que solía ser un confidente de la presidencia de Bush. No, no el antiguo secretario de prensa de la Casa Blanca Scott McClellan, quien saltó a los titulares al acusar al presidente de utilizar “propaganda,” y a los “facilitadores cómplices” de los medios de información, para llevar a EE.UU. a la guerra en 2002-2003. Pienso en otro individuo bien informado, el antiguo comandante de las fuerzas de EE.UU. en Iraq, el teniente general Ricardo Sanchez. Casi no mereció atención por un estallido presidencial que registró en su memoria “Wiser in Battle: A Soldier's Story [Más sabio en la batalla: La historia de un soldado], tan sedienta de sangre y caricaturesca que debería haber atraído la atención de la nación – y tan misteriosa en su carácter, considerando los últimos años de conducta presidencial, que tiene que ser exacta.

Quisiera describir brevemente la escena, tal como Sanchez la cuenta en las páginas 349-350 de “Wiser in Battle.” Es el 6 de abril de 2004. L. Paul Bremer III, jefe de la Autoridad Provisional de la Coalición de la ocupación, virrey colonial del presidente en Bagdad, y el general Sanchez estaban en Iraq en videoconferencia con el presidente, el Secretario de Estado Colin Powell y el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld. (Teóricamente, el evento fue registrado y es por lo tanto reexaminable por Sanchez que tomaba notas.) Acababa de ser lanzada la primera ofensiva estadounidense en gran escala contra la ciudad suní de Faluya, mientras, en el Sur chií de Iraq, los militares de EE.UU. preparaban una campaña contra el clérigo chií Muqtada al-Sáder y su milicia del Ejército del Mahdi.

Según Sanchez, Powell habló sin tapujos ese día: “Tenemos que romperle la madre rápidamente a alguien.”... “Tiene que haber una victoria total en algún sitio. Tenemos que realizar una demostración brutal de poder.” (Y, por cierto, a fines de abril, partes de Faluya quedaron en ruinas, como, en agosto, lo estarían áreas de las partes más antiguas de la ciudad sagrada chií de Najaf. El propio Sáder, sin embargo, escapó para seguir la lucha; y, a fin de declarar la “victoria total” de Powell, los militares de EE.UU. tuvieron que volver a Faluya en noviembre de ese año, después de la elección presidencial de EE.UU., y virtualmente dejar tres cuartos de la ciudad en escombros.) Bush entonces volvió al tema de al-Sáder: “Al final de esta campaña, al-Sáder debe haber desaparecido,” insistió ante sus máximos asesores. “Por lo menos será arrestado. Es esencial que sea eliminado.”

Poco después, el presidente “lanzó” lo que el desconcertado Sanchez describe cortésmente como “una especie de discurso confuso para levantar la moral respecto a Faluya y a nuestra próxima campaña en el Sur (contra el Ejército del Mahdi).” Y lo que sigue es ese “discurso alentador.” Cuando lo leáis, tratad de imaginar algo semejante proveniente de la boca de algún otro presidente estadounidense, o algo que no se le parezca surgiendo de la boca de algún malvado dirigente del enemigo en las películas de la infancia del presidente, y de la mía:

“‘¡Dadles una paliza!’ dijo [Bush] haciéndose eco de la parla sin pelos en la lengua de Colin Powell. ‘Si alguien trata de detener la marcha hacia la democracia, ¡los buscaremos y los mataremos! ¡Tenemos que ser más duros que el diablo! Ese asunto de Vietnam, esto ni siquiera se le aproxima. Es una mentalidad. No podemos enviar ese mensaje. ¡Es una excusa para prepararnos para la retirada!

“Hay una serie de momentos y éste es uno de ellos. Están poniendo a prueba nuestra voluntad, pero estamos resueltos. Tenemos un camino mejor. ¡Permaneced fuertes! ¡Mantened el rumbo! ¡No pestañeamos!’” [sic]

Hay que recordar que la retórica sedienta de sangre de este “discurso enardecedor” no tenía el objeto de excitar a Marines en camino a la batalla. Se trataba de sus máximos asesores, bien refugiados en sus búnkeres, en una sesión de estrategia en la víspera de importantes ofensivas militares en Iraq. Evidentemente, sin embargo, el presidente quería imitar a George C. Scott interpretando el personaje del general George Patton – o tal vez, aún sin quererlo, sintonizar a uno de los malvados villanos en la pantalla de su infancia.

Los mullahs locos estadounidenses

Aprovechemos para recordar una pequeña historia: En el Siglo XIX, a menudo los dirigentes del Tercer Mundo opuestos al control imperial occidental también no solo fueron satanizados sino que se imaginaba que estaban, en cierto sentido, simplemente locos por enfrentar el poderío occidental. Durante toda la última parte de ese siglo, por ejemplo, los británicos enfrentaron a varios “mullahs locos” en el Norte de África.

Más adelante, una tal imaginería emigró con bastante facilidad al Hollywood imperial y de allí a los cinematógrafos estadounidenses. Pero pasó algo extraño: en los años de Vietnam, en esa era de cambios de rumbo, un presidente de EE.UU. expresó, por primera vez, en privado, el deseo de enfrentar la postura de locura reservada anteriormente al enemigo en la cultura estadounidense (e indudablemente también en muchas otras culturas). No se trató sólo de que los críticos en EE.UU. de Richard Nixon estuvieran dispuestos de calificarlo de demente, sino que, en su deseo de terminar la Guerra de Vietnam de un modo victorioso y satisfactorio, estuvo dispuesto a calificarse a sí mismo de loco.

“Lo llamo la teoría del loco, Bob,” dijo el presidente según su asistente, H.R. Haldeman. “Quiero que los norvietnamitas crean que he llegado al punto en el que podría hacer cualquier cosa para detener la guerra. Sólo les haremos llegar la noticia de que, ‘¡en nombre de Dios!, sabéis que Nixon está obsesionado por el comunismo. No podemos controlarlo cuando se enoja – y tiene su mano sobre el ‘botón nuclear’ – y [el líder norvietnamita] Ho Chi Minh en persona estará dentro de dos días en París implorando por la paz.”

Henry Kissinger, el consejero nacional de seguridad de Nixon, estaba igualmente fascinado por una posible ventaja en las negociaciones si el enemigo imaginaba que el presidente era un demente potencialmente capaz de aniquilar el mundo. “Henry hablaba tanto del asunto,” según Lawrence Lynn, asistente de Kissinger, “... que los rusos y los norvietnamitas no correrían riesgos debido al carácter de Nixon.” Lo que hacía que esta fascinación con la idea de un presidente loco fuera más curiosa era que se combinaba con temores de los asistentes y asesores de la Casa Blanca de que Nixon, con el dedo sobre el botón nuclear, podría estar verdaderamente discapacitado o estar llegando al borde del trastorno mental.” “Mi amigo borracho,” “ese lunático borracho,” “esa mente de pánfilo,” o “ese chiflado,” así se refería Kissinger a su persona después de recibir su porción de llamadas beodas tarde por la noche.

Así que, en un momento histórico hace casi cuatro decenios, un presidente desesperado consideró repentinamente que sería conveniente, desde el punto estratégico, que se presentara a sus enemigos como si fuera un potencial carnicero de naciones, un incinerador del mundo (y sus asistentes estaban dispuestos en privado a pensar que lo era). Es decir que el líder de lo que ha sido calificado comúnmente de “el Mundo Libre,”, consideraba la posibilidad de presentarse como un emperador demente, un verdadero Ming el Despiadado.

Después de varias décadas, desde el punto de vista presidencial, las cosas han pasado a ser aún más extrañas. Después de todo, ahora hay un presidente quien ha enfrentado abiertamente al mundo, incluso con entusiasmo, como Comandante en Jefe de Técnicas de Interrogatorio Realzadas, de Entregas Extraordinarias y de Encarcelamiento en Ultramar; un vicepresidente que se presentó abiertamente en el Congreso para cabildear contra una ley que prohibía la tortura; y miembros clave del gabinete quienes, desde una sala de conferencias en la Casa Blanca, administraron minuciosamente la tortura, incluso en cuanto a técnicas específicas en casos específicas. ¡Y que me hablen de Ming el Despiadado!

En los años sesenta y setenta, hubo un presidente cuyos críticos llamaban “asesino de bebés” – “esa horrible canción” fue como el presidente Lyndon Baines Johnson se refirió a la cantinela contra la guerra: "Hey, hey, LBJ, how many kids did you kill today?" [¡Eh!, ¡Eh!, LBJ, ¿a cuántos niños mataste hoy?] – y otro más dispuesto a enfrentar esa postura de locura para propósitos de diplomacia privada; y, según se dice, los dos fueron llevados al borde de la demencia privada durante su estadía en el poder. Pero ambos también se sintieron incómodos con la imaginería de su persona y fueron excesivamente torpes en el mundo televisual de la política que ya comenzaba a rodearlos; ninguno se imaginaba “en las películas.”

¿Última aparición en la pantalla?

Usualmente se piensa en Ronald Reagan, un verdadero actor, como el presidente que pasó su tiempo en el cargo representando el papel de su vida, pero, por azar, no fue nada comparado con George W. Bush. Desde el momento en que los ataques del 11 de septiembre de 2001 le dieron su “vocación” como presidente “de tiempos de guerra,” ha estado profundamente enfrascado en la interpretación de su versión caricaturesca del rol del siglo. De hecho, a menudo parecía poco más que un niño grandullón metido de lleno en su propia película de guerra y en recuerdos de juegos de guerra.

Recordemos que, poco después del 11-S, este presidente lanzó su “cruzada, esta guerra contra el terrorismo” con una imagen de un afiche de alguna película genérica de vaqueros de su infancia. (“Bush brindó algo de su lenguaje más rudo hasta la fecha cuando le preguntaron si quería ver a bin Laden muerto. ‘Quiero justicia,’ dijo Bush. ‘Y hay un viejo afiche en el Oeste... Recuerdo que decía: Buscado, Muerto o Vivo.’”) Durante años, fue evidente que resplandecía al vestirse en público de una manera que recordaba una versión infantil de un juego de guerra. Mientras Abraham Lincoln nunca usó un uniforme y un verdadero general, Dwight D. Eisenhower, guardó el suyo en el closet durante sus años como presidente, Bush singular y repetidamente se presentó en público ataviado en traje militar, pareciendo ante todo el mundo una versión a tamaño natural del personaje original de acción G.I. Joe de 30 cm. – sea “aterrizando” un jet sobre el portaaviones USS Abraham Lincoln, y saliendo en un estilístico traje de vuelo, o apareciendo en chaquetas especialmente hechas a medida con "George W. Bush, Comandante en Jefe" bordado cuidadosamente sobre su pecho, ante una aglomeración de soldados gritando “¡Juaaa!”. (En los hechos, más de un fabricante de juguetes produjo figuras de acción Bush al estilo de G.I. Joe.)

Fue evidente sobre todo, desde el 14 de septiembre de 2001 hasta qué punto gozaba de su papel como resuelto líder de EE.UU. en guerra – cuando se subió sobre ese montón de escombros en la “Zona Cero” en Nueva York y, megáfono en mano, mientras lo vitoreaban gritando “¡EE.UU.! ¡EE.UU.!”, borró la ignominia de sus acciones en el verdadero día de los ataques. Mientras su vicepresidente y sus máximos asesores se preparaban, sombríos, aunque con entusiasmo, para asesinar a Sadam Husein y aprovechar la oportunidad para crear una presidencia permanente de comandante en jefe, el presidente lo pasaba visiblemente mejor que nunca, tal vez por primera vez desde esas “fiestas salvajes” de su juventud.

Un riachuelo de detalles reveladores sobre su conducta ha afluido hacia nosotros en estos años. Bob Woodward del Washington Post, por ejemplo, nos cuenta que, después del 11-S, mantuvo “su propia marcador personal de la guerra” en un cajón del escritorio en el Despacho Oval – fotos con breves biografías y esbozos de las personalidades de personajes dirigentes de al-Qaeda, cuyas caras tachaba satisfecho cuando eran muertos o capturados. En julio de 2003, frustrado por señales de que la insurgencia suní en Iraq no desaparecía, ofreció impulsivamente su pequeña bravata a los periodistas (como si fuera él quien sufriría el embate de futuros ataques): “Hay quienes se sienten como si existieran las condiciones para podernos atacar allí. Mi respuesta es: ¡que vengan!”

En esos momentos, cuando hablaba o actuaba espontáneamente, existen abundantes indicios de que Bush sentía un placer profundo al verse en el papel de comandante en jefe, y que se ha excitado verdaderamente al hacer cosas características de un comandante en jefe, por lo menos tal como se las imaginaba otrora en el mundo de fantasía de la pantalla de su juventud. Se excitó, por ejemplo, cuando recibió de algunos de los soldados que capturaron a Sadam Husein, la pistola que el dictador portaba en su socavón. En 2004, Matthew Cooper, de TIME, informó: “’Le gustaba realmente exhibirla,’ dice un reciente visitante a la Casa Blanca, que ha visto la pistola. ‘Estaba realmente orgulloso de tenerla.’ El nuevo lugar de residencia de la pistola es el pequeño estudio al lado del Despacho Oval, al que Bush conduce a visitantes selectos.”

Del mismo modo, volvió de uno de sus breves viajes a Iraq “inspirado” por una reunión con el piloto que disparó el misil que incineró al aspirante a Bin Laden, Abu Musab al-Zarqaui.

De cuando en cuando, durante todos estos años, se pudo vislumbrar precisamente el tipo de personaje caricaturesco de sombrero blanco/sombrero negros que creía representar. Así era cuando estaba en su humor de matón fanfarrón, como ser cuando, en septiembre de 2007, llegó a Australia proclamando en público que EE.UU. estaba “dando una paliza” en Iraq; o cuando, como comandante en jefe, lagrimeaba regularmente con genuina emoción (de película) al distribuir medallas por valentía, algunas póstumas, o incluso cuando discutía su propia versión del “sacrificio” en tiempos de guerra: afirmaba que había renunciado al golf por su guerra. Como dijo a Mike Allen de Politico.com: “No quiero que alguna madre cuyo hijo haya muerto recientemente vea al comandante en jefe jugando golf. Pienso que se lo debo a las familias ser como – mostrar mi mejor solidaridad posible. [sic] Y pienso que jugar golf durante una guerra simplemente envía la señal equivocada.”

Dan Froomkin del Washington Post ha subrayado que incluso el inmaduro sacrificio del golf por parte de Bush, no fue real – siguió jugando, pero eso apenas importa. Lo que es crucial es que toda esta actuación en la vida real sigue emocionándolo, incluso estremeciéndolo. Recientemente, por ejemplo, hizo un discurso de graduación en la Academia de la Fuerza Aérea, donde una vez comparó a Iraq con la Segunda Guerra Mundial (y al hacerlo, implícitamente, a sí mismo con el presidente Franklin Roosevelt y con el primer ministro británico Winston Churchill, cuyo busto ha estado todos estos años en el Despacho Oval). Como comentó el periodista de Associated Press, Ben Feller: “Bush señaló que no era su último discurso de graduación en una academia militar, y pareció saborearlo. Personalmente felicitó a cada cadete mientras los vítores resonaban en todo el estadio.” Nótese la palabra “saborear,” relacionada con los militares y su papel de comandante en jefe. Sus fotos haciendo el tonto con graduados de la Academia de la Fuerza Aérea después de su discurso lo dicen todo.

En todo esto, se puede sentir a un hombre en su propio mundo de burbujas, absorto en, y satisfecho con, su propia actuación – tanto como actor y, como en la infancia, como público. Lo que el general. Ricardo Sanchez ha agregado a esto es la imagen de un hombre quien, incluso en 2004, ya soñaba con el desastre de Vietnam (“Este asunto de Vietnam... No podemos enviar ese mensaje.”) quien, tal vez al darse cuenta de que su exitazo estaba arruinado, como Richard Nixon antes que él, se mostró dispuesto a mezclar el código del sombrero blanco con el del sombrero negro de su infancia de cine de maneras extraordinarias. Bajo la presión de una guerra que fracasa, en privado y ante sus principales funcionarios, no dudó en adoptar ese papel de “gurú” y en confederar a sus seguidores más cercanos con un llamado a ¡matar!, ¡matar!, ¡matar!

Por cierto fue un discurso alentador. Incluso si Bush sigue exhortando a sus máximos funcionarios a no “pestañear,” los estadounidenses deberían hacerlo. Después de todo, quedan casi ocho meses de su presidencia, y un hombre de una falta de madurez tan sorprendente, que confunde la fantasía con la vida real, y que tiende a estallidos de desafío, bravatas, y ansias de sangre debiera ser tomado en serio. El “mullah loco” de Nixon quedó en privado hasta que comenzaron a aparecer trascripciones de las cintas de Watergate y memorias. Para nosotros, sigue existiendo la pregunta: ¿podrá este presidente jugar una última baza en la pantalla antes de que termine su período, haciendo de “mullah loco” en relación con Irán?

------------

Tom Engelhardt dirige Tomdispatch.com del “Nation Institute’s, es cofundador del American Empire Project (http://www.americanempireproject.com/). Ha actualizado su libro: “The End of Victory Culture” (University of Massachussetts Press) en una nueva edición. Editó, y su trabajo aparece en, el primer libro de lo mejor de Tomdispatch: “The World According to Tomdispatch: America in the New Age of Empire” (Verso), que será publicado durante este mes.

[Nota para los lectores: Que yo sepa, el primero que notó el pasaje crucial en las memorias de Sanchez, citado en este artículo fue ese infatigable reportero sobre Iraq, Patrick Cockburn. A diferencia de los pasajes clave en la memoria de Scott McClellan, ésta del libro de Sanchez ha recibido poca atención. Sin embargo, Dan Froomkin (citado en este trabajo), que hace la columna en línea del Washington Post: White House Watch, también señaló su existencia. No es sorprendente. Parece que nunca se pierde algún acontecimiento importante cuando tiene que ver con el gobierno de Bush. A menudo abro su invaluable columna. En lo que a mí respecta, puede ser el ejemplo más impactante del tipo de servicio que un columnista avispado de un periódico importante puede ofrecer en el mundo en línea. Lo considero una lectura diaria obligatoria y la recomiendo encarecidamente. Finalmente, si queréis saber más sobre los Mullahs Locos, películas estadounidenses de guerra, y una cantidad de otros temas de la Segunda Guerra Mundial hasta la Guerra de Iraq, podéis considerar mi libro recientemente actualizado: “The End of Victory Culture.”]

Denuncia JBG incursión militar y policiaca cerca del caracol zapatista La Garrucha

El pretexto de la movilización castrense fue la búsqueda de sembradíos de mariguana

Pobladores de Hermenegildo Galeana y San Alejandro los rechazaron con machetes y palos

Hermann Bellinghausen (Enviado)

San Cristóbal de las Casas, Chis., 5 de junio. Ayer miércoles 4 de junio se registró una incursión militar y policiaca en las inmediaciones del caracol zapatista de La Garrucha, en la que participaron unos 200 “provocadores”, como los calificó hoy la junta de buen gobierno (JBG) El camino del futuro. La incursión fue en las comunidades Hermenegildo Galeana y San Alejandro, donde los pobladores, todos bases de apoyo del EZLN, los rechazaron con machetes, palos, hondas y resorteras.

La JBG precisa que el operativo consistió en una columna de diez vehículos y una tanqueta: “convoy militar, seguridad pública, policía municipal y Procuraduría General de la República”. A las 9 de la mañana, “hora sur oriental”, tres vehículos militares se detuvieron a 30 metros de la sede del caracol Hacia un nuevo amanecer, “y bajan cuatro soldados, como queriendo flanquear al pueblo de La Garrucha, aprovechando nuestro camino del trabajadero colectivo de milpa”. El pueblo reaccionó para rechazarlos. “Al instante, los soldados suben a su carro y siguen su camino, mientras otros más adelante intimidan a la población tomando películas y fotografiando”.

Procedente de la base de Patiwitz, se incorporó otro convoy del Ejército federal en dirección a la ranchería Rancho Alegre o Chapuyil. “Se bajan de sus carros y agarran rumbo a Hermenegildo Galeana, acusando que en ese pueblo tienen sembradillos de mariguanas”. La JBG argumenta: “Toda la zona zapatista de La Garrucha y sus autoridades autónomas somos testigos que no existen plantíos, sólo zapatistas y trabajadero de milpa y platanar, y están dispuestos a luchar por libertad, justicia y democracia”.

Un centenar de soldados, además de policías, “se disponen a enfrentar al pueblo de Galeana; todos los represores se pintan la cara para confundirse, caminan unos tramos del camino y se meten al monte y así van avanzando rumbo al pueblo.” Los guía Feliciano Román Ruiz, policía municipal de Ocosingo.

En Galeana, “hombres, mujeres, niñas y niños se organizan para rechazarlos dispuestos a lo que salga”. A medio camino se encuentran indígenas y tropas “y comienza el alboroto; llenos de coraje, los zapatistas dicen a los soldados que regresen, que no los necesitan aquí”. Los soldados alegan “saber” que allí hay mariguana “y vamos a pasar a huevos”. Los indígenas sacan machetes, palos, piedras, resorteras, hondas “y todo lo que haya en el alcance de la mano, y empieza el rechazo”.

Retrocediendo, los soldados amenazaron con volver en 15 días y tomaron rumbo a San Alejandro, pueblo zapatista, donde esperaban 50 soldados y 10 policías municipales. Los soldados “dejaron pisoteado el sembradillo de maíz”. En San Alejandro “60 represores provocadores se posicionaron como dispuestos al enfrentamiento; reacciona el pueblo y rechaza a la fuerza federal”. En las acciones participaron soldados de las bases de Toniná, Patiwitz y San Quintín.

La JBG advierte que si hubiera enfrentamiento, sería provocado por Felipe Calderón, Juan Sabines y Carlos Leonel Solórzano (presidente municipal panista de Ocosingo). “No somos narcotraficantes, somos lo que ya saben, hermanos y hermanas de México y del mundo. Está claro que vienen por nosotros, los y las zapatistas, y estamos dispuestos de resistir y si es necesario cumplir nuestro lema: vivir por la patria o morir por la libertad”.

La junta concluye: “No queremos guerra, queremos paz con justicia y dignidad. No nos queda de otra, defender, rechazar y resistir porque nos vienen a buscar para enfrentarnos. Sólo nos queda decirles que vean por dónde viene esta provocación. Ahí los estamos informando, si es que nos da tiempo”.

Las autoridades zapatistas se manifestaron especialmente preocupadas, pues se trata de una provocación militar cuantitativa y cualitativamente mayor a las que han venido ocurriendo en la pasada quincena, además de que el riesgo de un inminente enfrentamiento estuvo latente. La Garrucha es, además, el lugar donde se supo más recientemente de la presencia del subcomandante Marcos.

miércoles, junio 04, 2008

Sin futuro, la explotación en aguas profundas, advierten expertos

Parece que se les esta aguando la fiesta a la derecha con su reforma privatizadora, al parecer el PRI no esta dispuesto a cargar con el costo electoral que implica votar a favor de la propuesta. En mi opinion el PRI no hiba a votar en favor de esa propuesta, simplemente movio sus fichas para que el PAN pensara en que hiban con ellos y sacara su propuesta privatizadora, de otra forma, si el PRI desde el comienzo hubiera dado pruebas de votar en contra, FECAL de ninguna forma hubiera enviado la propuesta al congreso.
El PRI esta pensando en llegar bien posicionado al 2009 y despues al 2012, dejar al PAN en tercer lugar para disputarse las elecciones con el PRD. Porque creo esto?

1) El PAN en menos de dos sexenios ha quedado en evidencia, las practicas corruptas inclusive mas agresivas que las del PRI, han ocasionado que la gente ya no les crea ni tantito, vamos me refiero a los que le creieron a Fox en el 2000 no a los pocos que votaron por FECAL en el 2006, lo que ha puesto al PRI por encima del PAN en cuanto a preferencia electoral.

2) A diferencia de lo que manejan los medios, AMLO lejos de perder la fuerza del 2006 en estos dos años a acumulado mas popularidad solo basta ver una de sus convocatorias en las plazas publicas, no solo me refiero al DF y a creado un movimiento organizado dispuesto a hacer una campaña mucho mas efectiva y prolongada que la de los medios puedan hacer en su contra, vamos tiene ahora una infraestructura ciudadana propagandistica mas fuerte de lo que se encontraba en el 2006 y mejor aun, ahora con todo el conocimiento de los errores del 2006, como la falta de representantes de casilla. AMLO se ha puesto por encima de la estructura del PRD, al nivel de tener el poder de desaparecer electoralmente al PRD con el simple hecho de renunciar a el.

3) La disputa continua siendo la misma, el proyecti neoliberal vs el nuevo Mexico. PRI y PAN representan al mismo, a simple vista se puede deducir que uno le tiene que quitar votos a otro no hay mas. Las televisoras solo se pueden aliar a uno o apostarle a su mejor gallo entre esos dos partidos o ideologias. Esto deja a AMLO todavia con la bandera de la izquierda, practicamente completa talvez exeptuando a uno que otro despistado.

4) Pues aqui se me ocurririan muchas cosas mas pero por el momento lo voy a dejar en 3, talvez los demas puntos salgan despues en otro post.
Sorprende Murillo Karam a panistas al anunciar que el PRI no votará una “privatización simulada”

El tricolor presentará antes del 15 de julio “iniciativas alternas”

Aboga Adrián Lajous por la intervención de corporaciones extranjeras; el STPRM se ha apropiado de la renta petrolera, dice

Andrea Becerril y Víctor Ballinas

En medio del debate, cuando los defensores de la reforma de Felipe Calderón no lograban rebatir los argumentos de técnicos y especialistas en el sentido de que no es conveniente ni necesario ir en estos momentos a la explotación en aguas profundas, el senador Jesús Murillo Karam dejó claro que su partido “no votará” una “privatización simulada” de Petróleos Mexicanos (Pemex).

El también secretario general del Partido Revolucionario Institucional anunció que, antes del 15 de julio, el PRI presentará “una o dos iniciativas alternas” a la del Ejecutivo, una contrapropuesta que deja fuera la inversión privada en refinación, almacenamiento y transporte.

A propuesta de la Comisión de Energía, se recortó ayer la discusión, que sólo se dio entre los ponentes. Los legisladores fijaron posturas sin poder intercambiar puntos de vista con los participantes. Ese espacio lo aprovechó Murillo Karam para advertir que el PRI no avalará “simulaciones jurídicas”.

Los panistas se asombraron cuando el senador priísta informó del acuerdo entre la dirigencia nacional del tricolor y sus grupos parlamentarios para no votar en favor de refinerías con capital privado ni permitir que los ductos y almacenamiento se conviertan en monopolios y tampoco aceptar contratos “que no estén perfectamente bien definidos”.

Fue un no rotundo del PRI a las principales propuestas de Calderón, que se sumó a la opinión de la mayoría de los especialistas en materia petrolera que ayer, durante el séptimo foro de discusión, expusieron los riesgos e inconvenientes de explotar aguas profundas en el Golfo de México.

De hecho, de los ocho participantes sólo el director de Pemex Exploración y Producción, Carlos Morales Gil; el asesor de trasnacionales Gustavo Bonilla; el académico Ricardo Padilla y el ayer muy cuestionado Adrián Lajous defendieron abiertamente ir en busca de petróleo a aguas profundas, aunque no rebatieron los señalamientos de los ingenieros petroleros Ricardo Prian Caletti, María Fernanda Campa y Eduardo Beltrán.

Lajous, director de Pemex en el sexenio de Ernesto Zedillo y representante ahora de la trasnacional Schlumberger –cargo que no desmintió–, abogó por las corporaciones extranjeras y dio su apoyo “profesional, técnico y crítico” a los contratos de servicios incentivados propuestos en las iniciativas de Calderón, aunque resaltó que es “preferible” hacer reformas constitucionales a fin de permitir el capital privado en la refinación de petróleo.

Se lanzó luego contra el sindicato petrolero ya que, dijo, “ha logrado apropiarse, directamente, de la renta petrolera a través de remuneraciones y prestaciones generosas y altos niveles de sobrempleo”. Lajous agregó que el organismo gremial “ha logrado imponer prácticas laborales que afectan la eficiencia operativa de la empresa”.

Ahora en su papel de funcionario de una trasnacional, llamó a establecer un programa de exploración y explotación en aguas profundas y superprofundas, que vincule “a las empresas petroleras internacionales con el dueño del subsuelo”. Es insuficiente, sostuvo, “aludir a la necesidad de establecer algún tipo de asociación con posibles inversionistas o proponer vagas alianzas estratégicas”. Se requiere, recalcó, precisar la manera “como se compartirán riesgos y beneficios, expresándolo en términos y condiciones contractuales”.

Ese discurso corroboró lo expresado antes por la doctora en Geología María Fernanda Campa, quien sostuvo que la urgencia para perforar en aguas profundas, es de quienes quieren tener bajo su dominio directo la perforación, producción y distribución de los hidrocarburos.

Sin embargo, el ingeniero Ricardo Prian Caletti recalcó que no es recomendable la explotación en aguas profundas, ya que es “inmadura, de alto riesgo y sumamente costosa”; no hay reservas ahí, recalcó, y todo obedece a que las trasnacionales que operan en el Mar del Norte y están por terminar la explotación de sus yacimientos “requieren urgentemente ocupar sus equipos y personal en otros países que quieran compartir su riqueza petrolera, aun en riesgo de ser saqueados”.

Incluso, el ingeniero Eduardo Berrueto Zenteno, ex trabajador de Pemex, no se manifestó directamente en contra de la iniciativa, pero advirtió que los pozos perforados en aguas profundas “son de baja productividad y escasa reserva probada”.

El representante gubernamental en el foro, el director de Pemex Exploración y Producción, Carlos Morales Gil, se limitó a rechazar los cuestionamientos. No es una iniciativa privatizadora, no hay contratos de riesgo ni concesiones, insistió, y más que dar argumentos técnicos para probar sus dichos se dedicó a descalificar la consulta nacional sobre las iniciativas de Calderón, propuesta por actores políticos y el ex ministro Juventino Castro.

“Si tenemos un Congreso plural, que fue electo democráticamente, ¿por qué habría necesidad de consultar a nadie?”, preguntó el funcionario de Pemex. El ingeniero José Eduardo Beltrán, académico de la UNAM y ex diputado federal, que había propuesto también la consulta, deploró la falta de argumentos de fondo en la defensa gubernamental. “Le pueden llamar como sea, pero es una privatización si van a licitar con trasnacionales, como en la época de Porfirio Díaz”, dijo.

También la doctora Campa, hija del legendario dirigente ferrocarrilero Valentín Campa, reivindicó la consulta como medio de legitimar una reforma de tal magnitud. El presidente de la Comisión de Energía, Francisco Labastida, trató de callarla porque, dijo, ya se le había acabado el tiempo, pero ella no se lo permitió. “Tres segundos, déjame terminar; a Adrián Lajous le tocó el número siete y lo pasaste al ocho”.

Labastida no respondió a la clara alusión sobre sus maniobras para colocar al final de la discusión a Lajous, a fin de que pudiera responder a los cuestionamientos. El priísta llamó a una conferencia de prensa conjunta con Murillo Karam, para hablar de las iniciativas que presentará el PRI, y al salir del recinto de Xicoténcatl se escondió en un local comercial de Donceles para evitar los insultos que sí se llevó el senador del Verde Ecologista Arturo Escobar.

Como lo ha hecho en los últimos foros, Escobar defendió la reforma de Pemex y ayer un grupo de personas le gritó: “¡Vende patria!, ¡vendido!”.

lunes, junio 02, 2008

Doce meses de vía crucis de familiares de los 38 petroleros desaparecidos

Tomado de La Jornada.

Los líderes y trabajadores fueron levantados en el municipio neoleonés de Cadereyta

Por medio de la senadora Rosario Ibarra el gobernador González Parás accedió a escucharlos

“Nos mandó con el procurador, éste con el jefe de la policía y así nos trajeron. No saben nada”

Blanche Petrich

El caso de los 38 líderes y trabajadores petroleros desaparecidos en mayo de 2007, en Cadereyta, Nuevo León, finalmente alcanzó a inquietar al gobernador Natividad González Parás cuando la senadora Rosario Ibarra de Piedra se presentó en el palacio de gobierno, en Monterrey, acompañando a los familiares de las víctimas. Esto ocurrió el pasado 17 de mayo, al cumplirse un año de los secuestros.

Cuenta Salomón Vega Zamarripa, hermano de dos de los desaparecidos, David e Hilario, este último secretario general de la sección 49 del sindicato petrolero: “Sólo porque íbamos con la senadora el gobernador González Parás nos hizo pasar. Le preguntamos qué estaba haciendo el gobierno para localizar a nuestros familiares y como respuesta mandó llamar al procurador de Justicia, Luis Carlos Treviño. Éste, a su vez, nos mandó con el jefe de la policía estatal, Héctor Santos, quien nos mandó con el director de la Oficina Antisecuestros de la entidad, Eduardo Sánchez, y él nos prometió que iba a investigar. Empezó por pedirnos los números de los expedientes, las placas de los vehículos en los que se perpetraron los levantones, los números de los celulares de nuestros familiares”.

–¿A un año de los secuestros, las autoridades no tenían siquiera esos datos?

–Pues no. Nosotros hemos investigado más que ellos –expresa Salomón Vega.

Luego de revisar los datos, el comandante Sánchez les comunicó: “Esto no parece secuestro, porque nadie pidió nunca rescate”.

–¿Entonces qué fue?

–Pues no nos dijo. Nadie nos dice nada –dice Salomón Vega.

Son 10 hermanos Vega Zamarripa. Todos trabajan en Petróleos Mexicanos (Pemex). Su bisabuelo, su abuelo y su padre fueron petroleros. Hilario Vega cumplía su tercer periodo como secretario general de la sección 49 del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, y a decir de su hermano “era muy allegado, muy leal” a Carlos Romero Deschamps, el caudillo del poderoso gremio. Todos, “como es costumbre entre los petroleros, nos cargamos más al Partido Revolucionario Institucional; nunca tuvimos problemas por ser disidentes o por cosas políticas. Es más, Hilario hasta fue diputado federal suplente”.

Salomón Vega se refiere al líder petrolero como “don Carlos”. Pero lo cierto es que, con todo su poder de presión, el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) no ha hecho un solo pronunciamiento público en torno a la escandalosa desaparición de cerca de 38 de sus agremiados entre dirigentes, empleados y jubilados, en el lapso de un año. A lo más que ha llegado Romero Deschamps es a “encargarle mucho” el asunto al gobernador de Nuevo León.

En cambio, fue nombrado sin mayor dificultad un sustituto de Vega, José Izaguirre, dirigente que tiene abierto un expediente judicial por la venta de plazas. “La mera verdad, ni don Carlos ni Izaguirre han movido un dedo.”

No es el único silencio inexplicable. Cuando finalmente lograron una cita con el alcalde de Cadereyta, el panista Edelmiro Cantú, éste dijo a los familiares que “no estaba enterado” de que el número de levantados en su municipio ascendiera a 38. Los llevó con el senador federal Fernando Elizondo, también panista. Más promesas de ayuda, pero hace una semana, cuando buscaron nuevamente a Cantú, su respuesta fue: “Voy a ver en qué va el asunto”.

Salomón dice: “Nuestro miedo es que sea algo político y puedan desaparecer las pruebas”.

–¿Qué cosa política?

–Desconozco.

El único lazo que podría relacionar estas desapariciones con un acto de represión política es la cadena de atentados explosivos del Ejército Popular Revolucionario (EPR), en julio del año pasado, dos meses después de los levantones. Pero las desapariciones ocurrieron antes, no después. Además, la carga en los ductos de Pemex de Cadereyta fue la única que no llegó a activarse.

En ese contexto, el 16 de mayo del año pasado la sección 49 del STPRM realizó su asamblea de revisión contractual. Algo de rutina. Al final hubo un convivio y a la salida, ya de noche, ante la mirada de muchos agremiados, varios hombres con armas largas, uniformes negros sin insignias, granadas al cinto y chalecos antibalas, abordaron a cuatro de ellos, los esposaron, y los subieron a camionetas; nunca más aparecieron. Sus nombres: Víctor Manuel Mendoza, Jorge Alejandro Hernández Faz, David Sánchez Torres y Félix Sánchez Torres.

Esa misma noche, otros comandos llegaron en varios vehículos a casa de David Vega, hermano del dirigente. Cerraron la calle y entraron a la vivienda. La policía municipal esperó media hora después de la partida de los comandos para llegar al lugar de los hechos. Al día siguiente, 17 de mayo, Hilario Vega recibió una llamada desde el celular de David. Eran los secuestradores. Con palabras altisonantes le dijeron que se entregara para negociar o, de lo contrario, le mandarían la cabeza de su hermano. Hilario fue solo al lugar de la cita. También se lo llevaron.

Tres días después, el 20 de mayo, fueron levantados el ex alcalde de Cadereyta José Luis Lozano, un regidor y otro jubilado del sindicato petrolero. Las familias no dieron aviso inmediato a las autoridades porque pensaban que era un secuestro común, y que las llamarían para pedirles el rescate. Pero el 4 de julio leyeron en la prensa –el diario El Mañana, de Reynosa– que el Ejército había “reventado” una casa donde mantenían secuestradas a varias personas y que las había rescatado en esa ciudad. Se publicaron los nombres de los petroleros y del ex alcalde neoleonenses, supuestamente rescatados. Pero éstos nunca fueron presentados.

Días después, la prensa dio cuenta de otro tiroteo en Los Ramones, municipio cercano a Cadereyta, donde fue capturado un presunto secuestrador apodado Chucky, quien dijo que ahí tenían a los hermanos Vega Zamarripa y al ex alcalde, y que el Ejército los había trasladado a Reynosa. Pero las autoridades militares lo negaron. La familia de Lozano buscó al senador Elizondo para que intercediera ante el alto mando militar. “Que buscaran en otro lado, que ellos no los tenían ahí y no sabían nada”, les dijeron.

A partir de ahí, la familia Vegapresentó denuncias ante la procuraduría estatal, la federal y Derechos Humanos en Cadereyta, Monterrey, Reynosa, Ciudad Madero y el DF. En Nuevo León se apaga el escándalo. En 2007 hubo en ese estado más de cien levantones, la mayoría en Cadereyta.

sábado, mayo 31, 2008

Condenan legisladores las actividades del español Solá en nombre de México

El gobierno espurio no tiene empacho en ofertar ilegalmente las industrias estrategicas del pais, hay que preguntar tambien quien sera el extranjero que a nombre del espurio anda ofertando las otras industrias, entre ellas la electrica.
En mi opinion esto es una doble traicion, primera por estar vendiendo a extranjeros industrias tan importantes como la energetica, segunda que sea un extranjero el que lo esta haciendo.

Tal proceder no debería sorprendernos de un gobierno usurpador, dice diputado del PT

“Todo esto forma parte de un sistema de corrupción y de tráfico de influencias” señala perredista

Senadores y diputados de PRD, PRI, PT, Alternativa y Convergencia advirtieron que la cancillería y la embajada de México en España deben dar una explicación puntual sobre las actividades del español Antonio Solá, quien promociona inversión extranjera en la industria petrolera, pese a que el Congreso no ha aprobado las modificaciones legales que permitirían la entrada de capitales foráneos en el sector energético.

Exigieron a Felipe Calderón una explicación de por qué Solá actúa como promotor del gobierno, pero ante todo una postura oficial en torno a por qué el español maneja información privilegiada.

Calderón sigue los pasos de Vicente Fox, de ofrecer fuera del país negocios con el petróleo, aunque ello está prohibido en la Constitución, coincidieron los senadores Arturo Núñez y Pablo Gómez. Ambos resaltaron la falta de respeto al Congreso de la Unión, que en estos momentos analiza las cinco iniciativas calderonistas que proponen la apertura de Pemex al capital privado.

Plantear que “es casi segura la apertura de los energéticos” es considerar un simple trámite burocrático lo que es una decisión trascendente del Congreso y de la sociedad mexicanos, recalcó Nuñez.

Deploraron que el promotor de las inversiones españolas en la industria petrolera mexicana sea alguien como Solá, el autor de la guerra sucia contra Andrés Manuel López Obrador durante la campaña electoral de 2006.

Además, “es condenable que utilice ese tipo de gente para promover lo que soberanamente no decide todavía el país”, agregó Nuñez, mientras Gómez dijo que es obvio que el publicista de Calderón “anda de embajador de México en España”, ya que en el gobierno federal se actúa como si la función pública fuera una actividad “de grupo, de pandilla”.

La diputada perredista Mónica Fernández consideró que “es terriblemente denigrante” para el país que un personaje oscuro, como Solá “ofrezca al mejor postor las riquezas y los intereses de México”. Todo ello, insistió, forma parte de un sistema de corrupción y de tráfico de influencias, para beneficiar a socios y amigos.

Su compañero de bancada, Alfonso Suárez del Real, dijo que Solá no tiene ética, ya que considera la Constitución mexicana “un producto de segunda” y está utilizando de manera dolosa información privilegiada, con la autorización de Calderón.

El perredista se preguntó si las acciones de Solá son indicativas de que a pesar del rechazo popular a una reforma inconstitucional como la energética, el gobierno pretende aprobarla por la fuerza.

Por su parte, José Manuel del Río Virgen, diputado por Convergencia reprochó a Calderón haber otorgado a Solá prerrogativas para promover los intereses y sectores estratégicos de México. “Nadie puede comprometer el futuro del país y mucho menos puede asegurar que habrá reforma energética”.

Para la coordinadora de Alternativa en San Lázaro, Marina Arvizu, el gobierno debe ser muy cuidadoso, pues “ya tuvimos un desastre con el caso Mouriño; no debe aventurarse la administración federal a emitir juicios que den por hecho la aprobación de la reforma energética”.

Para Silvano Garay, diputado del PT, es paradójico “que un gobierno usurpador como el de Calderón no recurra a la ley ni a las instancias oficiales para tratar de salvar del naufragio su barco. Sería ingenuo pensar que así lo haría y, por tanto, recurre a hechos y situaciones como en la que ahora se ve involucrado el publicista Solá, que están fuera de la ley. Tanta irresponsabilidad no debería sorprendernos”.

jueves, mayo 29, 2008

Totalitarismo al revés

Tomado de Rebelion.org
Una nueva manera de comprender como controlan en EE.UU.

Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

No es nada nuevo que EE.UU. pasa por enormes dificultades. La guerra preventiva que lanzó contra Iraq hace más de cinco años fue y sigue siendo un error de proporciones monumentales – que la mayoría de los estadounidenses todavía no logra reconocer. En lugar de hacerlo, discuten si EE.UU. debiera seguir hasta la “victoria” cuando incluso nuestros propios generales nos dicen que una victoria militar es inconcebible. La economía de EE.UU. ha sido vaciada por excesivos gastos militares durante muchas décadas, mientras sus competidores se dedicaron a hacer inversiones en nuevas industrias lucrativas que sirven necesidades civiles. Nuestro sistema político de equilibrio de poderes ha sido virtualmente destruido por el amiguismo y la corrupción crónicos en Washington D.C., y por un presidente que durante dos períodos anda por ahí chillando “Yo soy el que decide,” un concepto fundamentalmente hostil a nuestro sistema constitucional. Hemos permitido que nuestro sistema electoral, la única institución no negociable en una democracia, sea envilecido y secuestrado, como sucedió con la elección presidencial del 2000 en Florida – con apenas alguna protesta del público o los autoproclamados guardianes periodísticos del “Cuarto Poder.” Ahora nos involucramos en la tortura de prisioneros indefensos aunque denigra y desmoraliza a nuestras fuerzas armadas y agencias de inteligencia.

El problema es que hay demasiadas cosas que van mal al mismo tiempo como para que alguien tenga una visión amplia del desastre que ha triunfado sobre nosotros y qué, si algo, se puede hacer para devolver a nuestro país al gobierno constitucional y por lo menos a un cierto grado de democracia. Ahora hay cientos de libros sobre aspectos particulares de nuestra situación – las guerras en Iraq y Afganistán, los presupuestos inflados y no controlados de “defensa”, la presidencia imperial y su desdén por nuestras libertades cívicas, la privatización generalizada de funciones tradicionales del gobierno, y un sistema político en el que ningún dirigente se atreve siquiera a pronunciar en público las palabras imperialismo y militarismo.

Hay, sin embargo, unos pocos intentos de realizar análisis más complejos de cómo EE.UU. llegó a un estado tan lamentable. Incluyen “La doctrina del shock” de Naomi Klein, sobre como el poder económico “privado” es ahora casi equivalente al poder político legítimo; “Broken Government: How Republican Rule Destroyed the Legislative, Executive, and Judicial Branches” de John W. Dean, sobre la perversión de nuestras principales defensas contra la dictadura y la tiranía, “Right Is Wrong: How the Lunatic Fringe Hijacked America, Shredded the Constitution, and Made Us All Less Safe” de Arianna Huffington, sobre la manipulación del miedo en nuestra vida política y el rol primordial jugado por los medios; y “The End of America: Letter of Warning to a Young Patriot” de Naomi Wolf, sobre diez pasos hacia el fascismo y donde nos encontramos actualmente en esa escalinata. Mi propio libro: “Nemesis: The Last Days of the American Republic,” sobre el militarismo como acompañamiento ineluctable del imperialismo, también pertenece a este género.

Ahora tenemos un nuevo diagnóstico exhaustivo de nuestros defectos como forma democrática de gobierno por uno de los más experimentados y respetados filósofos políticos de EE.UU. Durante más de dos generaciones, Sheldon Wolin enseñó la historia de la filosofía política desde Platón al presente a estudiantes de postgrado de Berkeley y Princeton (incluyéndome a mí; participé en sus seminarios en Berkeley a fines de los años cincuenta, lo que influyó desde entonces en mi enfoque de las ciencias políticas). Es autor del galardonado clásico “Politics and Vision” (1960; edición expandida, 2006) y de “Tocqueville Between Two Worlds” (2001), entre numerosas otras obras.

Su nuevo libro: “Democracy Incorporated: Managed Democracy and the Specter of Inverted Totalitarianism [Democracia incorporada: La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo al revés], es una crítica devastadora del gobierno contemporáneo de EE.UU. – incluyendo lo que ha sucedido en los últimos años y lo que hay que hacer si no ha de desaparecer en la historia junto con sus predecesores totalitarios clásicos: Italia fascista, Alemania nazi y Rusia bolchevique. Ya es muy tarde, y es remota la posibilidad de que el pueblo estadounidense pueda prestar atención a lo que está mal y adopte los difíciles pasos necesarios para evitar un ocaso de los dioses, pero el de Wolin es el mejor análisis del porqué la elección presidencial de 2008 probablemente no haga nada por mitigar la suerte de EE.UU. Este libro demuestra el motivo por el cual las ciencias políticas, practicadas de modo adecuado, son la ciencia social maestra.

La obra de Wolin es perfectamente accesible. La comprensión de su argumento no depende de la posesión de algún conocimiento especializado, pero a pesar de todo sería atinado leerle de modo intermitente y pensar en lo que dice antes de seguir adelante. Su análisis de la crisis contemporánea de EE.UU. se basa en una perspectiva histórica que vuelve al acuerdo constitucional original de 1789 e incluye una atención particular a los niveles avanzados de democracia social logrados durante el Nuevo Trato y a la mitología contemporánea de que EE.UU., desde durante la Segunda Guerra Mundial, maneja un poder mundial sin precedente.

Ante ese telón de fondo histórico, Wolin introduce tres conceptos nuevos para ayudar a analizar lo que hemos perdido como nación. Su idea maestra es el “totalitarismo al revés,” reforzada por dos nociones subordinadas que la acompañan e impulsan – “democracia guiada” y “Súperpotencia,” esta última siempre en mayúscula y utilizada sin un artículo definitivo. Hasta que el lector se acostumbre a este tic literario particular, el término Súperpotencia puede confundir. El autor lo utiliza como si fuera un agente independiente, comparable con Superman u Hombre Araña, inherentemente incompatible con el gobierno constitucional y la democracia.

Wolin escribe: “Nuestra tesis es la siguiente: es posible que una forma de totalitarismo, diferente del clásico, se desarrolle de una ‘democracia’ supuestamente ‘fuerte’ en lugar de ‘fracasada.’” Su idea de la democracia es clásica, pero también populista, anti-elitista y sólo ligeramente representada en la Constitución de EE.UU. “Democracia,” escribe, “tiene que ver con las condiciones que posibilitan que la gente de a pie mejore su vida convirtiéndose en entes políticos y haga que el poder sea sensible a sus esperanzas y necesidades.” Depende de la existencia de un demo – “una ciudadanía políticamente involucrada y habilitada, que ha votado, deliberado, y ocupado todas las ramas de los cargos públicos.” Wolin argumenta que en la medida en que ocasionalmente EE.UU. llegó a estar cerca de ser una genuina democracia, fue porque sus ciudadanos lucharon contra, y momentáneamente derrotaron, el elitismo incluido en su Constitución.

“Ningún trabajador u agricultor o comerciante normal,” destaca Wolin, “ayudó a escribir la Constitución. “Argumenta: “El sistema político estadounidense no nació como democracia, sino nació con una predisposición contra la democracia. Fue construido por gentes que, eran escépticas u hostiles hacia la democracia. El progreso democrático resultó ser lento, arduo, eternamente incompleto. La república existió durante tres cuartos de un siglo antes de que se terminara la esclavitud formal; otros cien años antes de que los estadounidenses negros recibieran sus derechos a voto. Las mujeres obtuvieron garantías de su derecho a voto y los sindicatos el derecho a la negociación colectiva recién en el Siglo XX. En ninguno de estos casos la victoria ha sido completa: las mujeres todavía carecen de igualdad completa, el racismo persiste, y la destrucción de los residuos de los sindicatos sigue siendo un objetivo de las estrategias corporativas. Lejos de ser innata, la democracia en EE.UU. ha ido a contracorriente, contra las formas mismas mediante las cuales el poder político y económico del país ha sido y sigue siendo ordenado.” Wolin no tiene problemas para controlar su entusiasmo por James Madison, el autor primario de la Constitución, y ve el Nuevo Trato como probablemente el único período de la historia estadounidense en el que prevaleció un gobierno por un demo genuino.

Para reducir un argumento complejo a su esencia misma, desde la Depresión, las fuerzas gemelas de la democracia dirigida y de Súperpotencia han allanado el camino para algo nuevo bajo el sol: el “totalitarismo al revés,” una forma que es en todo igual de totalista como la versión clásica pero que se basa en la cooptación interiorizada, la apariencia de libertad, la desconexión política en lugar de la movilización de masas, y que se basa más en los “medios privados” que en agencias públicas para diseminar propaganda que refuerza la versión oficial de los eventos. Es al revés porque no requiere el uso de coerción, poder policial y una ideología mesiánica como las versiones nazi, fascista y estalinista (aunque hay que señalar que EE.UU. tiene el mayor porcentaje de ciudadanos en prisiones – 751 por cada 100.000 personas – de cualquiera nación de la Tierra). Según Wolin, el totalitarismo al revés ha “emergido imperceptiblemente, sin haber sido premeditado, y en una continuidad aparentemente intacta con las tradiciones políticas de la nación.”

Lo genial en nuestro sistema totalitario al revés “reside en esgrimir un poder total sin que parezca que está sucediendo, sin establecer campos de concentración, o imponer una uniformidad ideológica, o reprimir por la fuerza a elementos disidentes, mientras sigan siendo ineficaces. Una degradación en la condición y estatura del ‘pueblo soberano’ a sujetos pacientes es sintomático del cambio sistémico, de la democracia como método de ‘popularizar’ el poder a democracia como marca de un producto negociable en casa y negociable en el extranjero. El nuevo sistema, el totalitarismo al revés, profesa lo contrario de lo que es, en los hechos. EE.UU. se ha convertido en el escaparate de cómo la democracia puede ser guiada sin que parezca que está siendo reprimida.”

Entre los factores que han impulsado el totalitarismo al revés están la práctica y la psicología de la publicidad y el dominio de las “fuerzas de mercado” en muchos otros contextos que los mercados, adelantos tecnológicos continuos que alientan fantasías complejas (juegos de computadora, avatares virtuales, viaje espacial), la penetración de de los medios de masas de comunicación y propaganda a cada hogar del país, y la cooptación total de las universidades. Entre las fábulas comunes de nuestra sociedad están la adoración del héroe y los cuentos de hazañas individuales, juventud eterna, belleza mediante la cirugía, la acción medida en nanosegundos, y una cultura cargada de sueños de control y posibilidad en expansión permanente, cuyos adeptos tienden a fantasías porque la mayoría posee imaginación pero poco conocimiento científico. Los amos de este mundo son los amos de las imágenes y de su manipulación. Wolin nos recuerda que la imagen de Adolf Hitler volando a Nuremberg en 1934 que abre la cinta clásica de Leni Riefenstahl “El triunfo de la voluntad” fue repetida el 1 de mayo de 2003, con el pretendido aterrizaje del presidente George Bush en un avión de guerra de la Armada sobre la cubierta del portaaviones USS Abraham Lincoln para proclamar “Misión cumplida” en Iraq.

Sobre los campus universitarios “auto-pacificados” del totalitarismo al revés en comparación con la algarada intelectual usual que rodea a los centros independientes de estudio, Wolin escribe: “Mediante una combinación de contratos gubernamentales, fondos provenientes de corporaciones y fundaciones, proyectos conjuntos que involucran a investigadores universitarios y corporativos, y donantes individuales acaudalados, las universidades (especialmente las así llamadas universidades de investigación), intelectuales, expertos e investigadores han sido perfectamente integrados al sistema. Sin quema de libros, sin Einsteins exiliados. Por primera vez en la historia de la educación superior estadounidenses, profesores sobresalientes son enriquecidos por el sistema, recibiendo salarios y beneficios que podría envidiar un alto ejecutivo en ciernes.”

Los principales sectores sociales que impulsan y refuerzan este Shangri-La moderno son el poder corporativo, que está a cargo de la democracia guiada, y el complejo militar-industrial, que está cargo de Súperpotencia. Los principales objetivos de la democracia guiada son aumentar los beneficios de las grandes corporaciones, desmantelar las instituciones de la democracia social (Seguridad Social, sindicatos, asistencia social, servicios de salud pública, viviendas sociales, etc.), y hacer retroceder los ideales sociales y políticos del Nuevo Trato. Su instrumento primordial es la privatización. La democracia guiada apunta a la “abdicación selectiva de la responsabilidad gubernamental por el bienestar de la ciudadanía” bajo la cobertura de mejorar la “eficiencia” y reducir los gastos.

Wolin argumenta: “La privatización de servicios y funciones públicos manifiesta la permanente evolución del poder corporativo hacia una forma política, hacia su conversión en un socio integral, incluso dominante, del Estado. Marca la transformación de la política de EE.UU. y de su cultura política de ser un sistema en el que las prácticas y valores democráticos fueron, si no los elementos definidores, por lo menos los que han contribuido de manera importante, a otro en el que lo que queda de los elementos democráticos del Estado y de sus programas populistas es sistemáticamente desmantelado.” Esta campaña ha tenido en gran parte éxito. “La democracia representaba un desafío al status quo, hoy en día se ha ajustado al status quo.”

Otra tarea subordinada de la democracia guiada es mantener a la ciudadanía preocupada de condiciones periféricas y / o privadas de la vida humana para que no se concentre en la corrupción y el abandono generalizados de la confianza pública. En boca de Wolin: “El punto clave relacionado con las disputas sobre tópicos como el valor de la abstinencia sexual, el papel de las obras benéficas religiosas en las actividades financiadas por el Estado, el tema de los matrimonios gay, y cosas semejantes, es que no son puestas sobre el tapete para ser resueltas. Su función política es dividir a la ciudadanía mientras bloquean la visión sobre las diferencias de clase y distraen la atención de los votantes de los problemas sociales y económicos de la población en general.” Destacados ejemplos del uso de semejantes incidentes por la elite para dividir y excitar al público son el caso Terri Schiavo de 2005, en el que una mujer en estado vegetativo irreversible fue mantenida artificialmente en vida, y, en 2008, el de mujeres y niños que vivían en una comuna polígama en Texas y que fueron supuestamente abusados sexualmente.

Otra táctica de democracia guiada de la elite es aburrir al electorado a tal punto que gradualmente deja de prestar atención a la política. Wolin percibe: “Un método de asegurar el control es hacer continuamente campañas electorales, durante todo el año, saturadas de propaganda partidaria, entremezcladas con la sabidurías de expertos a sueldo, con un resultado más aburridor que vitalizador, el tipo de lasitud cívica en la que prospera la democracia guiada.” El ejemplo clásico lo constituyen ciertamente las contiendas de selección de candidatos de los dos principales partidos políticos de EE.UU. durante 2007 y 2008, pero la “competencia” dinástica entre las familias Bush y Clinton de 1988 a 2008 es igualmente relevante. Habría que señalar que entre la mitad y dos tercios de los votantes cualificados no han votado recientemente, haciendo que sea mucho más fácil guiar al electorado activo. Wolin comenta: “Cada ciudadano apático es un enlistado silencioso en la causa del totalitarismo al revés.” Queda por ver si una candidatura de Obama puede volver a despertar a esos votantes apáticos, pero sospecho que Wolin predeciría una andanada de difamación por los medios de información corporativos que terminaría con esa posibilidad.

La democracia guiada es un disolvente poderoso para cualesquiera vestigios de democracia que queden en el sistema político estadounidense, pero sus poderes son débiles en comparación con los de Súperpotencia. Súperpotencia es el patrocinador, defensor y gerente del imperialismo y el imperialismo de EE.UU., envuelto en el secreto del poder ejecutivo, y supuestamente más allá del campo de alcance del entendimiento o la supervisión de los ciudadanos comunes. Súperpotencia se preocupa de armas de destrucción masiva, de la manipulación clandestina de la política exterior (a veces también de la política interior), de operaciones militares, y de las fantásticas sumas exigidas al público por el complejo militar-industrial. (Las fuerzas armadas de EE.UU. gastan más que todas las de la Tierra en su conjunto. El presupuesto de defensa oficial de EE.UU. para el año fiscal 2008 es de 623.000 millones de dólares; el presupuesto nacional militar más cercano es el de China con 65.000 millones, según la Agencia Central de Inteligencia.)

Las operaciones militares en el extranjero obligan literalmente a la democracia a cambiar su naturaleza: “Para encarar las contingencias imperiales de guerra y ocupación en el extranjero,” según Wolin, “la democracia alterará su carácter, no sólo asumiendo nuevas conductas en el extranjero (por ejemplo: inclemencia, indiferencia ante los sufrimientos, desdeño ante las normas locales, las desigualdades en el gobierno de una población sometida) sino también operando sobre la base de hipótesis revisadas, de la expansión del poder en el interior. Tratará, las más veces, de manipular al público en lugar de involucrar a sus miembros en la deliberación. Demandará más poderes y una mayor discreción en su uso (‘secretos de Estado), un control más estricto sobre los recursos de la sociedad, métodos más sumarios de justicia, y menos paciencia ante las legalidades, la oposición, y el clamor por reformas socioeconómicas.”

El imperialismo y la democracia son, en términos de Wolin, literalmente incompatibles, y los recursos cada vez mayores dedicados al imperialismo significan que es inevitable que la democracia se desvanezca y muera. Escribe: “La política imperial representa la conquista de la política interior y la conversión de esta última en un elemento crucial del totalitarismo al revés. No tiene sentido preguntar cómo el ciudadano democrático podría ‘participar’ sustantivamente en la política imperial; por lo tanto no sorprende que el tema del imperio sea tabú en los debates electorales. Ningún político o partido ha siquiera comentado en público sobre la existencia de un imperio estadounidense.”

Desde los días de la fundación de EE.UU., sus ciudadanos han tenido una prolongada historia de complicidad en los proyectos imperiales del país, incluyendo su expansión transcontinental a costas de los estadounidenses nativos, los mexicanos y los imperialistas españoles. Theodore Roosevelt comentó a menudo que los estadounidenses se oponían profundamente al imperialismo por su escape exitoso del imperio británico pero que tenían el “expansionismo” en la sangre. Con el pasar de los años, el análisis político estadounidense ha tratado cuidadosamente de separar a las fuerzas armadas del imperialismo, incluso si el militarismo es el acompañante ineluctable del imperialismo. Las fuerzas armadas crean el imperio para comenzar y son indispensables para su defensa, el mantenimiento del orden y la expansión. Wolin señala: “Que el ciudadano patriótico apoye inquebrantablemente a las fuerzas armadas y sus inmensos presupuestos significa que los conservadores han tenido éxito en convencer al público de que las fuerzas armadas son algo diferente del gobierno. Por lo tanto el elemento más sustancial del poder estatal es apartado del debate público.”

Ha tomado mucho tiempo, pero bajo el gobierno de George W. Bush EE.UU. ha terminado por lograr una ideología oficial de expansión imperial comparable a las de los totalitarismos nazi y soviético. Según la Estrategia Nacional de Seguridad de EE.UU. (supuestamente preparada por Condoleezza Rice y proclamada el 9 de septiembre de 2002) EE.UU. está ahora comprometido con lo que llama “guerra preventiva.” Wolin explica: “La guerra preventiva involucra la proyección del poder en el exterior, usualmente contra un país mucho más débil, comparable, por ejemplo, con la invasión nazi de Bélgica y Holanda en 1940. Declara que EE.UU. está justificado en atacar a otro país por una amenaza percibida de que el poder de EE.UU. sea debilitado, severamente dañado, a menos que reaccione para eliminar el peligro antes de que se materialice. La guerra preventiva es la afirmación del Lebensraum [La afirmación de Hitler de que su imperialismo se justificaba por la necesidad de Alemania de obtener “espacio vital”] para la era del terrorismo.” Esta fue, desde luego, la excusa oficial para la agresión estadounidense contra Iraq que comenzó en 2003.

Muchos analistas, incluyéndome a mí, concluirían que Wolin prácticamente ha justificado a toda prueba que los días de la república estadounidense están contados, pero el propio Wolin no está de acuerdo. Hacia el fin de su estudio presenta una lista de sugerencias de lo que debería hacerse para evitar el desastroso totalitarismo al revés: “hacer retroceder el imperio, hacer retroceder las prácticas de la democracia guiada; volver a la idea y a las prácticas de la cooperación internacional en lugar de los dogmas de la globalización y de los ataques preventivos; restaurar y fortalecer las protecciones medioambientales; reforzar las políticas populistas; deshacer el daño a nuestro sistema de de derechos individuales; restaurar las instituciones de un aparato judicial independiente, de la separación de los poderes, y del sistema del equilibrio de los poderes; reinstalar la integridad de las agencias reguladoras independientes y de los procesos de asesoría científica; reanimar los sistemas representativos sensibles a las necesidades populares de atención sanitaria, educación, pensiones garantizadas, y de un salario mínimo honorable; restaurar la autoridad reguladora gubernamental sobre la economía; y eliminar las deformaciones de un código tributario que corteja a los ricos y al poder corporativo.”

Por desgracia, es más una guía de lo que ha ido mal que una declaración de cómo arreglarlo, particularmente ya que Wolin cree que nuestro sistema político está “repleto de corrupción e inundado de contribuciones sobre todo de donantes ricos y corporativos.” Es muy poco probable que nuestro aparato partidario funcione para colocar bajo control democrático al complejo militar-industrial y a las 16 agencias secretas de inteligencia. A pesar de todo, una vez que EE.UU. haya seguido a los totalitarismos clásicos al basurero de la historia, el análisis de Wolin representará uno de los mejores discursos sobre lo que anduvo mal.

El último libro de Chalmers Johnson es “Nemesis: The Last Days of the American Republic (Metropolitan Books, 2008), que ahora apareció como Holt Paperback. Es el tercer volumen de su “Blowback Trilogy.”

www.alternet.org

http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=9031

El ex portavoz de la Casa Blanca asegura que Bush vendió la guerra de Irak con "propaganda"

Este articulo se me hace muy interesante en tanto que fue Scorr McClellan la cara visible de la presidencia norteamericana que empujo a la criminal guerra contra Iraq que hoy cuenta ya segun organizaciones internacionales con mas de un millon de muertes civiles, sin contar las muertes de niños causadas por el bloqueo economico anterior a la guerra

Tomado de Rebelion.org

El ex secretario de prensa de la Casa Blanca, Scott McClellan, ha asegurado que George W. Bush vendió la guerra de Irak basándose en “propaganda”. McClellan, que durante su estancia en la Casa Blanca entre julio de 2003 y abril de 2006 defendió las políticas del presidente durante los primeros años de la guerra, ha formulado duras críticas contra Bush en un libro de 341 páginas que recoge sus memorias en el cargo y que llegará a las librerías estadounidenses la próxima semana, según informa la cadena CNN.

En el libro titulado What Happened Inside the Bush White House and Washington's Culture of Deception (Lo que ocurrió en la Casa Blanca de Bush y la Cultura de Engaño de Washington), el ex portavoz asegura que el mandatario estadounidense manipuló “las fuentes” para la opinión pública y “minimizó el principal motivo para ir a la guerra”.

“Por el verano de 2002, los asesores de Bush lanzaron una campaña cuidadosamente orquestada para vender agresivamente la guerra… En una época de campaña permanente, todo se basó en un intento de manipulación de las fuentes de opinión pública para ventaja del presidente”, escribe el ex secretario en sus memorias.

McClellan afirma que Bush, al quién describe como una persona “sincera” y “auténtica”, fue “terriblemente mal” asesorado. El ex secretario admite asimismo que algunas de sus declaraciones durante las conversaciones con los periodistas en la sala de prensa de la Casa Blanca resultaron ser “malamente engañosas”.

Para muchos periodistas, McClellan fue uno de los asesores más leales de Bush cuando tuvo que dar la cara durante los primeros años de la invasión de Irak y sobre el desastre del huracán Katrina, que arrasó la costa del Golfo de México a finales de agosto de 2005. Con respecto a esta última cuestión, el ex portavoz se refiere a la reacción del Gobierno de Bush como “engorrosa” y asegura que fue el “mayor desastre” para la presidencia.

miércoles, mayo 28, 2008

Cómo fabricar una crisis global

Walden Bello
La Jornada

Cuando cientos de miles de personas se manifestaron en México el año pasado contra un incremento al precio de la tortilla, muchos analistas culparon a los biocombustibles. A causa de los subsidios del gobierno estadunidense, los granjeros de ese país dedicaban más hectáreas al maíz para etanol que para alimento, lo cual disparó los precios. Esta desviación del uso del maíz fue sin duda una causa de la elevación de precios, aunque probablemente la especulación de intermediarios con la demanda de biocumbustible tuvo mayor influencia. Sin embargo, a muchos se les escapó una pregunta interesante: ¿cómo es que los mexicanos, que viven en la tierra donde se domesticó el maíz, han llegado a depender del grano estadunidense?

La erosión de la agricultura mexicana

No puede entenderse la crisis alimentaria mexicana sin considerar que en los años anteriores a la crisis de la tortilla la patria del maíz fue convertida en una economía importadora de ese grano por las políticas de “libre mercado” promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y Washington. El proceso comenzó con la crisis de deuda de principios de la década de 1980. México, uno de los dos mayores deudores del mundo en desarrollo, fue obligado a implorar dinero del banco y del FMI para pagar el servicio de su deuda con bancos comerciales internacionales. El precio de un rescate fue lo que un miembro del consejo ejecutivo del BM describió como “intervencionismo sin precedente”, diseñado para eliminar aranceles, reglamentaciones estatales e instituciones gubernamentales de apoyo, que la doctrina neoliberal identificaba como barreras a la eficiencia económica.

El pago de intereses se elevó de 19 por ciento del gasto federal total en 1982 a 57 por ciento en 1988, en tanto el gasto de capital se derrumbó de 19.3 a 4.4 por ciento. La contracción del gasto gubernamental se tradujo en el desmantelamiento del crédito estatal, de los insumos agrícolas subsidiados por el gobierno, los apoyos de precio, los consejos estatales de comercialización y los servicios de extensión.

Este golpe a la agricultura campesina fue seguido por uno aún mayor en 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Aunque dicho tratado consideraba una prórroga de 15 años a la protección de productos agrícolas, entre ellos el maíz, pronto comenzó a fluir maíz estadunidense altamente subsidiado, lo cual redujo los precios a la mitad y hundió al sector maicero en una crisis crónica. En gran medida a causa de ese acuerdo, México se ha consolidado como importador neto de alimentos.

Con el cierre de la entidad gubernamental comercializadora de maíz, la distribución de importaciones maiceras de Estados Unidos y del grano nacional ha sido monopolizada por unas cuantas comercializadoras trasnacionales, como Cargill. Eso les ha dado tremendo poder para especular con las tendencias del mercado, de modo que pueden manipular y magnificar muchas veces los movimientos de demanda de biocombustibles. Al mismo tiempo, el control monopólico del comercio doméstico ha asegurado que una elevación en los precios internacionales del maíz no se traduzca en precios significativamente más altos a pagar a los pequeños productores.

Cada vez resulta más difícil a los productores mexicanos de maíz eludir el destino de muchos otros pequeños productores en sectores como arroz, carne de res, pollo y cerdo, quienes se han venido abajo por las ventajas concedidas por el TLCAN a los productos subsidiados estadunidenses. Según un informe del Fondo Carnegie de 2003, las importaciones agrícolas de EU han dejado sin trabajo a 1.3 millones de campesinos, muchos de los cuales han emigrado al país del norte.

Las perspectivas no son buenas, pues el gobierno mexicano continúa en manos de neoliberales que desmantelan sistemáticamente el sistema de apoyo al campo.

Creación de la crisis del arroz en Filipinas

Que la crisis global de alimentos se origina en la restructuración de la agricultura por el libre mercado resulta más claro en el caso del arroz. A diferencia del maíz, menos de 10 por ciento de la producción mundial de arroz se comercializa. Además, en el arroz no ha habido desviación del consumo hacia los biocombustibles. Sin embargo, en este solo año los precios se han triplicado, de 380 dólares por tonelada en enero a más de mil dólares en abril. Sin duda, la inflación deriva en parte de la especulación de los cárteles mayoristas en una época de existencias escasas. Sin embargo, el mayor misterio es por qué varios países consumidores de arroz que eran autosuficientes se han vuelto severamente dependientes de las importaciones.

Filipinas ofrece un triste ejemplo de cómo la restructuración económica neoliberal transforma un país de exportador neto a importador neto de alimentos. Es el mayor importador mundial de arroz. El esfuerzo de Manila por asegurarse provisiones a cualquier precio se ha vuelto nota de primera plana, y las fotos de soldados que resguardan la distribución del cereal en comunidades pobres se ha vuelto emblemática de la crisis global.

Los trazos generales de la historia de Filpinas son similares a los de México. El dictador Ferdinando Marcos fue culpable de muchos crímenes y malos manejos, entre ellos no llevar adelante la reforma agraria, pero no se le puede acusar de privar al sector agrícola de fondos gubernamentales. Para paliar el descontento de los campesinos, el régimen les otorgó fertilizantes y semillas subsidiadas, impulsó mecanismos de crédito y construyó infraestructura rural. Durante los 14 años de su dictadura, sólo en uno, 1973, se tuvo que importar arroz debido al extenso daño causado por tifones. Cuando Marcos huyó del país, en 1986, había 900 mil toneladas métricas de arroz en los almacenes del gobierno.

Paradójicamente, los siguientes años de gobierno democrático vieron encogerse la capacidad de inversión gubernamental. El BM y el FMI, actuando por cuenta de acreedores internacionales, presionaron al gobierno de Corazón Aquino para que diera prioridad al pago de la deuda externa, que ascendía a 26 mil millones de dólares. Aquino accedió, aunque los economistas de su país le advirtieron que sería “inútil buscar un programa de recuperación que sea consistente con el pago de la deuda fijado por nuestros acreedores”.

Entre 1986 y 1993, entre 8 y 10 por ciento del PIB salió de Filipinas cada año en pagos del servicio de la deuda. Los pagos de intereses en proporción al gasto gubernamental se elevaron de 7 por ciento en 1980 a 28 por ciento en 1994; los gastos de capital cayeron de 26 a 16 por ciento. En suma, el servicio de la deuda se volvió la prioridad del presupuesto nacional.

El gasto en agricultura cayó a menos de la mitad. El BM y sus acólitos locales no se preocupaban, porque un propósito del apretamiento del cinturón era dejar que el sector privado invirtiera en el campo. Pero la capacidad agrícola se erosionó con rapidez, el riego se estancó, y hacia finales de la década de 1990 sólo 19 por ciento de la red caminera del país estaba pavimentada, contra 82 por ciento en Tailandia y 75 por ciento en Malasia. Las cosechas eran anémicas en general; el rendimiento promedio de arroz era de 2.8 toneladas por hectárea, muy debajo de los de China, Vietnam y Tailandia, donde los gobiernos promovían activamente la producción rural. La reforma agraria languideció en la era posterior a Marcos, privada de fondos para servicios de apoyo, que habían sido la clave para las exitosas reformas de Taiwán y Corea del Sur.

Como en México, los campesinos filipinos enfrentaron la retirada en gran escala del Estado como proveedor de apoyo. Y el recorte en programas agrícolas fue seguido por la liberalización comercial; la entrada de Filipinas en la Organización Mundial de Comercio (OMC) tuvo igual efecto que la firma del TLCAN para México. La membresía en la OMC requería eliminar cuotas en las importaciones agrícolas excepto arroz, y permitir que cierta cantidad de cada producto ingresara con bajos aranceles. Si bien se permitió al país mantener una cuota en importaciones de arroz, tuvo que admitir el equivalente a entre uno y 4 por ciento del consumo doméstico en los 10 años siguientes. De hecho, a causa del debilitamiento de la producción derivado de la falta de apoyo oficial, el gobierno importó mucho más que eso para compensar una posible escasez. Esas importaciones, que se elevaron de 263 mil toneladas en 1995 a 2.1 millones en 1998, deprimieron el precio del cereal, lo cual desalentó a los productores y mantuvo la producción a una tasa muy menor a la de los dos principales proveedores del país, Tailandia y Vietnam.

Las consecuencias del ingreso de Filipinas a la OMC barrieron con el resto de la agricultura como un tifón. Ante la invasión de importaciones baratas de maíz, los campesinos redujeron la tierra dedicada a ese cultivo de 3.1 millones de hectáreas en 1993 a 2.5 millones en 2000. La importación masiva de piezas de pollo casi acabó con esa industria, en tanto el aumento de importaciones desestabilizó las de aves de corral, cerdo y vegetales.

Los economistas del gobierno prometieron que las pérdidas en maíz y otros cultivos tradicionales serían más que compensadas por la nueva industria exportadora de cultivos “de alto valor agregado” como flores, espárragos y brécoles. Poco de eso se materializó. El empleo agrícola cayó de 11.2 millones en 1994 a 10.8 millones en 2001.

El doble golpe del ajuste impuesto por el FMI y la liberalización comercial impuesta por la OMC hizo que una economía agrícola en buena medida autosuficiente se volviera dependiente de las importaciones y marginó constantemente a los agricultores. Fue un proceso cuyo dolor fue descrito por un negociador del gobierno filipino durante una sesión de la OMC en Ginebra: “Nuestros pequeños productores agrícolas son masacrados por la brutal injusticia del entorno del comercio internacional”.

La gran transformación

La experiencia de México y Filipinas se reprodujo en un país tras otro, sujetos a los manejos del FMI y la OMC. Un estudio de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en 14 países descubrió que los niveles de importaciones agrícolas en 1995-98 excedieron los de 1990-94. No era sorprendente, puesto que uno de los principales objetivos del acuerdo agrícola de la OMC era abrir mercados en países en desarrollo para que absorbieran la producción excedente del norte.

Los apóstoles del libre mercado y los defensores del dumping parecieran estar en extremos opuestos del espectro, pero las políticas que propugnan producen el mismo resultado: una agricultura capitalista industrial globalizada. Los países en desarrollo se integran en un sistema en el que la producción de carne y grano para exportación está dominada por grandes granjas industrializadas como las manejadas por la trasnacional tailandesa CP, en las que la tecnología es mejorada continuamente por avances en ingeniería genética de firmas como Monsanto. Y la eliminación de barreras tarifarias y no tarifarias facilita un supermercado agrícola global de consumidores de elite y clase media, atendidos por corporaciones comercializadoras de granos como Cargill y Archer Daniels Midland, y minoristas trasnacionales de alimentos como la británica Tesco y la francesa Carrefour.

No se trata sólo de la erosión de la autosuficiencia alimentaria nacional o de la seguridad alimentaria, sino de lo que la africanista Deborah Bryce-son, de Oxford, llama la “descampesinación”, es decir, la supresión de un modo de producción para hacer del campo un sitio más apropiado para la acumulación intensiva de capital. Esta transformación es traumática para cientos de millones de personas, pues la producción campesina no es sólo una actividad económica: es un modo de vida milenario, una cultura, lo cual es una razón de que en India los campesinos desplazados o marginados hayan recurrido al suicidio. Se calcula que unos 15 mil campesinos indios han acabado con su vida. El derrumbe de precios por la liberalización comercial y la pérdida de control sobre las semillas ante las empresas de biotecnología son parte de un problema integral, señala Vandana Shiva, activista por la justicia global: “En la globalización, el campesino o campesina pierde su identidad social, cultural y económica de productor. Ahora un campesino es ‘consumidor’ de semillas y químicos caros que venden las poderosas corporaciones trasnacionales por conducto de poderosos latifundistas y agiotistas locales”.

* Versión reducida del artículo a publicarse en la edición de The Nation (Nueva York) el 2 de junio. Se reproduce con permiso del autor.

** Walden Bello es analista y ex director ejecutivo del instituto de investigación y activismo Enfoque en el Sur Global, con sede en Bangkok.

Traducción: Jorge Anaya.

Videos 5to Debate Petrolero

Aqui van los videos del debate de ayer.

Tomado de http://yazminenyunqueland.blogspot.com

Martín Esparza Flores SME


Francisco Rojas Gutiérrez ex director de PEMEX



Pablo Mulas del Pozo



Francisco José Barnés de Castro ex-rector de la UNAM



Jorge Eduardo Navarrete Ex- Embajador en la ONU, Alemania, Venezuela y 7 países más.


Mario Molina Montes premio Nobel de Química 1995.


Lic. Gerardo Gil Valdivia.


Odon de Buen Rodriguez


DEBATE ENTRE PONENTES


PREGUNTAS DE LEGISLADORES


RESPUESTAS DE PONENTES A LEGISLADORES


INTERVENCION FINAL DE LEGISLADORES
Posteo los audios de las intervenciones de los ponentes en defensa de PEMEX del debate de ayer martes 27 de Mayo del 2008.

Tomado del portal de RadioAMLO tal y como lo tienen ellos en su web.

Participación de Martín Esparza Con 42 años de edad y 22 de antigüedad en el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), Martín Esparza inició su carrera sindical en 1992, como legislador para la revisión del Contrato Colectivo de Trabajo. Ha ocupado diversos cargos dentro del gremio y desde 2005 es secretario general del mismo; fue reelecto en mayo de este año, por lo que ocupará el cargo un par de años más. Dirige a unos 40,000 trabajadores.



Participación de Jorge Eduardo Navarrete
Licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue presidente de la Sociedad de Ex Alumnos de la Facultad de Economía de la UNAM. Ha sido, además, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM y del Centro de Estudios México-China. Ha sido Embajador de México en Venezuela, Alemania, Naciones Unidas, Serbia y Montenegro, China, Chile, Brasil, Austria y Yugoslavia, además fue Subsecretario de Politicas y Desarrollo Energético